INAOE
Instituto Nacional de Astrofísica,Óptica y Electrónica   
 

 

 Galileo 

Galileo nació en el año 1564. En 1600 el Mediterráneo era aún el centro del mundo, y Venecia el eje del Mediterráneo. Galileo había desarrollado trabajos importantes en ciencia fundamental en Pisa. Pero lo que hizo que los venecianos le contratasen como profesor de matemáticas en Padua fue, probablemente, su talento para los inventos prácticos. Algunos de éstos se conservan en la colección histórica de la Accademia Cimento de Florencia, y están primorosamente concebidos y realizados. Ahí se encuentra un aparato de vidrio con circunvoluciones para medir la expansión de los líquidos, bastante parecido a un termómetro; y una delicada balanza hidrostática para encontrar la densidad de objetos preciosos, basada en el principio de Arquímedes. Y hay también algo que Galileo, que era un vendedor muy hábil, llamó «compás militar», que es era realidad un instrumento de cálculo no muy distinto a una regla de cálculo moderna. Galileo los elaboraba y vendía en su propio taller.

A fines de 1608, unos fabricantes flamencos de anteojos que habían inventado una forma primitiva de catalejo, intentaron venderla a la República de Venecia. Mas, por supuesto, la república tenía a su servicio, en la persona de Galileo, a un científico y matemático inmensamente más poderoso que cualquier otro en el norte de Europa que, al fabricar un telescopio, reunió al Senado veneciano en lo alto del Campanile para demostrarlo.


Galileo era un hombre de baja estatura, fornido y dinámico, pelirrojo y con bastantes más hijos de los que un soltero debe tener. Tenía cuarenta y cinco años cuando supo del invento flamenco, y la noticia le electrizó. Caviló durante una noche sobre este invento, y diseñó un instrumento prácticamente tan bueno como aquel, con un triple aumento, que es solo ligeramente superior a los binoculares de teatro. Pero antes de la demostración en el Campanile de Venecia, subió el aumento a ocho o diez, logrando así un verdadero telescopio. Mediante éste, desde lo alto del Campanile, donde el horizonte dista alrededor de treinta kilómetros, pueden no sólo verse los barcos de vela en el mar, sino incluso identificarlos hasta más de dos horas después de haber levado anclas. Y esto valía mucho dinero para los comerciantes del Rialto.


Galileo narró estos sucesos a su cuñado en Florencia, en una carta fechada el 29 de agosto de 1609: Debes saber, entonces, que hace cerca de dos meses desde que se difundió aquí la noticia de que en Flandes se le había presentado al conde Mauricio un catalejo, elaborado de manera tal que las cosas muy distantes parecen estar sumamente cerca, así que se puede ver con claridad a un hombre que se encuentre a tres kilómetros de distancia. Este me pareció un efecto tan maravilloso, que me dio ocasión para meditar; y como me pareció que debía estar fundado en la ciencia de la perspectiva, me propuse lograr su fabricación; la que por fin conseguí, y tan perfectamente que uno que yo hice superó con gran ventaja la fama del invento flamenco. En cuanto llegó la noticia de que yo había hecho uno a Venecia, a los seis día fui requerido por la Señoría, pidiéndoseme que hiciera una demostración ante ésta y el Senado en pleno, causando un asombro infinito a todos; y hubo numerosos caballeros y senadores que, pese a su avanzada edad, subieron en más de una ocasión las escaleras de los campanarios más altos de Venecia para observar veleros y naves que se hallaban tan distantes que, viniendo a toda velocidad hacia el puerto, no se podrían ver sin mi catalejo sino hasta dos horas después. Pues de hecho la función de este instrumento es la de representar un objeto que esta, por ejemplo, a setenta y cinco kilómetros de distancia, tan grande y tan próximo como si estuviese solamente a siete kilómetros y medio. 

 

 

 

Adaptado de "El Ascenso del Hombre" de J. Bronowski